Un partido de fútbol, desde el punto de vista simbólico podría representar un encuentro sexual.

Analizando su representante simbólico y machista, podremos entender por qué los varones son sus mayores adeptos. En este acto simbólico, la contienda sería entre quienes quieren poseer y penetrar, y los que van a defender el arco propio (su integralidad sexual y virilidad).

En el juego va haber un goleador (penetrador), al cual suele atribuírsele más poder viril, si vence las resistencias y logra penetrar el arco, y el arquero vencido, de alguna manera perderá poder viril y será de manera simbólica entonces, “penetrado”.
La pelota sería la extensión del pene del goleador, el gol sería entonces el acto de penetración y el grito y explosión que detona, el orgasmo. Algo interesante y contradictorio para una representación tan machista es cómo, en realidad, el fútbol se adecuaría al modelo del mito que impone la idea de que las mujeres desean un acto sexual con muchos juegos previos y no sólo centrado en la penetración.
Si lo observamos desde este punto de vista, el fútbol es uno de los juegos con más previas y menos penetraciones. Es muy frecuente que los seguidores e hinchas del fútbol utilicen, luego de que su equipo gane un partido, ciertos comentarios refiriéndose a los perdedores con claros conceptos sexuales de dominación y control. “Les rompimos el c…”, “se lo hicimos bien”, “les dimos para que tengan”, “los sentamos”, etc., son dichos populares que no es difícil escuchar de varones entusiasmados por la victoria de su cuadro.
Pero ¿por qué es tan frecuente y hasta disfrutada esta manera de referirse a los varones perdedores? Para explicar y entenderlo debemos referirnos a la muy antigua, pero aún vigente, filosofía machista.
Para el “macho” es un valor muy importante el resguardo de su virginidad sexual anal y por supuesto que nada ni nadie, nunca, ose acercarse a esa zona tabú y censurada de su cuerpo.
Esto no quita que sí se maneje como posible y aceptado, el poder romper esta barrera de otro varón, lo que significaría en la jerga machista, probar que el otro no es tan “macho” y ganarse el liderazgo. Esto sucede como pulsión muy primitiva ya que se pueden observar conductas, en algunos primates, donde los machos poseen analmente a otros para marcar quién tiene el poder y determinar rangos en el momento de luchas territoriales o por las hembras. Para esta filosofía, los verdaderos “hombres” no se dejan someter, sino que son los que someten a otros, esto marcará el valor de cada uno.
Es común entonces, que se utilicen bromas o frases irónicas, refiriéndose a esta dominación anal entre varones. Las bromas en realidad son una manera de transmitir, de forma menos dramática, las intenciones y reales motivaciones del pensamiento que se encuentra subyacente.
Detrás de una broma suelen encontrarse ideas de discriminación y menosprecio a distintas maneras de vivir o ser, o a lo que uno no querría para sí mismo. No podemos olvidar que para los “machos” la idea de penetración anal está ligada a la homosexualidad, orientación que simboliza, para ellos, la pérdida de la virilidad y la hombría.
Estos conceptos tan extremos del machismo han generado mitos que se transmiten generación a generación y que terminan influyendo en muchos varones que, aunque no fieles a la filosofía, caen en sus redes. Es muy común que los varones se nieguen al estímulo anal por sus parejas heterosexuales aunque ésta sea una zona erógena que podría generarles placer. He escuchado muchas veces comentarios de varones que llegan al extremo de decir que prefieren tener un problema de salud, antes que ir al urólogo, si esto implica el tacto rectal.
Todo esto se sustenta por la falta de información y educación sexual en las sociedades, y las falsas creencias que toman el poder y dominan los pensamientos de tantos.
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