Cada vez que aparecen metabolitos prohibidos en la orina de un deportista, se instala una clima raro de escándalo y solemnidad. Y la gloria se troca por el escarnio público a toda página. La foto del crack en primer plano va acompañada ahora de titulares que dicen “Cocaína”, “Doping”, “Positivo” y frases como esta: “Nuevamente la sombra del dopaje se posa sobre el deporte uruguayo”.


Aunque internacionalmente el caso más emblemático sea el de Diego Maradona, existen cientos de ejemplos de competidores de varias disciplinas que caen en desgracia por el consumo de sustancias no permitidas. No siempre es para mejorar sus performances deportivas, comúnmente se trata de drogas ilegales de uso social. Los últimos dos casos registrados en nuestro país corresponden a basquetbolistas que ingirieron cocaínadel mismo cuadro. Según el director nacional de Deportes, Fernando Cáceres, estos resultados tienen la particularidad de transformar a dicha sustancia en la prevalente, desplazando a las anfetaminas. Evidencia bastante clara de que el uso de estimulantes no estaría vinculado a la búsqueda de un mayor rendimiento físico, sino como un hábito cada vez más extendido en toda la sociedad.



Saliendo de los lugares comunes, las moralinas condenatorias y el oportunismo mediático, la realidad muestra una problemática compleja que mezcla temas como aumento del consumo de drogas, legalidad, ilegalidad, vida privada, vida deportiva, los circuitos de la fama, los entornos y la exposición pública impiadosa.






HABLEMOS EN SERIO.


Según la doctora Raquel Peyraube,* “la incineración pública de un jugador que dio positivo es igual a creer que la incautación de drogas por sí misma es una buena política. Hablan horas en los programas deportivos, arman unos cirquetes patéticos, desgarradores pero con poca rigurosidad, poca ética, poca solidaridad y valores humanos. Aunque lo disfracen con cientificidad barata, el tema es castigar y vender porque el público es voyeur de la desgracia ajena”. Esta especialista piensa que si todos coinciden en que es un tema serio, pues hablemos en serio y miremos todos los factores implicados.


No es sólo sancionar y reprimir. ¿Cómo llegó ese jugador a consumir? ¿Cómo estamos operando sobre esos factores? ¿Qué trabajo de prevención se hace con los deportistas? ¿Cuál es la política de drogas en el ámbito deportivo?. Mucho más constructivo que condenar al jugador que tuvo un análisis adverso, sería acompañarlo a reparar su relación con la sustancia y permitirle aunque fuera sancionado seguir su carrera sin estigmatizaciones. Pero en la práctica prevalece la idea de sobreexponerlos para construir con ellos un antiejemplo, en el entendido de que el deportista debe ser un referente de vida sana y juego limpio. Peyraube no cree en la efectividad de las medidas ejemplarizantes porque así se hizo siempre y el número de casos positivos sube en vez de bajar. Se trata de otro fracaso escandaloso de las políticas de drogas como las estamos pensando hasta ahora. Seguimos con el mismo modelo que no dio ningún resultado. Con algunas drogas lícitas se están tomando medidas más inteligentes, por vía de la reducción de daño, pero la ilegalidad parece que no habilita a ese camino. Según dijo a Brecha Fernando Barboza, secretario general de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales, no les preocupa el doping tal como está planteado en los diarios, nos preocupa qué podemos hacer para la prevención y para el después del jugador al que le dio positivo” Barboza cree que los medios “manejan mal ese tema, porque exponen al jugador a un total desprestigio social. Pero cuando se apaga el bombo de la prensa, nadie más se preocupa por la persona que hay detrás del jugador”. En ese sentido los representantes de la Mutual le plantearon esta semana al ministro de Turismo y Deportes, Héctor Lescano, su preocupación por implementar un programa de charlas a nivel de planteles juveniles para explicarles “lo que es la droga y cómo te afecta. Queremos trabajar con técnicos y expertos que pondría el ministerio y además llevar jugadores que pasaron por problemas parecidos y cuenten su experiencia, qué significa una suspensión y la vergüenza que te da”. El punto es prepararlos para enfrentar las tentaciones “cuando le ofrecen en la puerta del liceo o en la barra del club. Ayudarlos a razonar y pensar sobre el tema”. La fama de los deportistas obra en su contra cuando su análisis da positivo, porque la noticia corre sin que a nadie se le ocurra proteger su anonimato. “Hacer leña del árbol caído tiene más que ver con lo que los demás necesitan, porque a todos les da algún beneficio”, dice Peyraube. “Resulta que todos sabían que tal jugador andaba en tal boliche, o que era de la barra de fulano, o salía con mengano que es famoso por… Lo sabían pero no lo publicaban porque está mal meterse en la vida privada. Pero cuando tienen el aval de la comisión antidoping, lo publican igual porque vende. Estas cosas tienen que ver con la rotura de los pactos éticos.


Los implicados tendrían que ser el jugador, el club y, si el consumo tiene que ver con alguna dependencia, quienes inicien el tratamiento.” Brecha consultó a Cáceres sobre la posibilidad de regular la exposición pública de los deportistas. “Es un tema que ha estado sobre la mesa. Hay varias cosas que mejorar con relación a la información pública y a un tratamiento diferencial para aquellos que dan resultados negativos por un período largo y ocasionalmente da un positivo”, aseguró el jerarca.






LA FAMA ES PURO RIESGO.


El pibe aún no cumplió los 20 años y la rompe. Es crack en las inferiores. Un día le toca. Se lesiona el que juega de titular en la Primera y lo ascienden. Entra y anda bien. Hace un gol. Es noticia. El próximo partido es por la Libertadores. Lo televisan por cable. Empieza a ser conocido. Los periodistas lo acosan, las mujeres también. Su sueldo se multiplica ene veces. Le caen ofertas de supercontratos y ofrecimientos millonarios para hacer publicidad. Todo muy rápido. En semanas. El entorno cambia, aparecen nuevos amigos y se abren puertas desconocidas. “No sé quién está preparado para la fama –dice Barboza–. Tenés que contar con familia y amigos para que te bajen a tierra. La educación tiene mucho que ver. El problema es del que no tuvo nada y de golpe se da cuenta de que tiene todo junto.” Recibirse de estrella viene con tal auto, tal glamour, tal boliche, y a veces, tales y cuales drogas. Pero es un paquete que tiene sus riesgos. De repente, estos gurises aparecen “linchados” en las tapas de los diarios y el shock de autoestima y vanidad se cambia por una herida narcisista que los aleja del mundo que los identifica. Según Peyraube, hace años que en algunos cuadros de baby fútbol les dan analgésicos a los niños para que no sientan dolor. Si bien no son psicotrópicos, “se instala la lógica de que para aumentar el rendimiento hay que consumir ciertas sustancias. Asistí muchos fines de semana a la escena primaria de cómo un jugador se iba a convertir en estrella y a la vez en abusador de sustancias. Eso se da en los campitos. ¿Cuáles son los valores del deporte? ¿Qué pasó con Maradona? ¿Se enteraron de su dependencia el día que le dio positivo el doping en el Mundial? Hay mucha perversión en esto”. Para Cáceres no sólo se trata de los problemas del entorno de los deportistas. “No creo que podamos pensar en el consumo de sustancias prohibidas en el deporte como un hecho ajeno al resto de la sociedad o como si revistiera características de mayor significación.” Según él en la sociedad uruguaya el consumo de cocaína es ostensiblemente creciente. “Lo que ocurre en el deporte es un reflejo de lo otro, y tiene más exposición pública entre otras cosas porque es la única actividad que realiza estos controles durante la competencia y fuera de ella.”






LAS DURAS PENAS.


Más allá de los perjuicios morales y sociales que derivan del manejo público de los nombres de los deportistas que dan positivo en los controles antidopaje, las duras sanciones que enfrentan son otro tema de preocupación. Según Barboza, “si un jugador tiene problemas de drogas y lo apartás tantos meses de su medio de vida, de donde se mueve socialmente, lo que vas a hacer es aumentar esa problemática”. Pero la Agencia Mundial Antidopaje (ama), a la cual está suscrito nuestro país, establece que todo resultado positivo inhabilita al deportista a competir por dos años si es primario y de por vida si es reincidente. En Uruguay, según dice Cáceres, se hizo una reinterpretación de la norma a través de dos decretos presidenciales y se dispuso que para los casos de marihuana y cocaína se permite al deportista pedir de inmediato su rehabilitación e iniciar un proceso de controles sorpresivos junto a un seguimiento psicoterapéutico para acortar la sanción a nueve meses si todo es favorable. Igual durante el período que especifica la ama el jugador debe someterse a distintos controles sorpresivos. Además, la pena se computa desde el momento en que se tomó la muestra. “Hemos sido sensibles en la búsqueda de fortalecer los procesos de rehabilitación del deportista y de facilitar su retorno a la actividad como un componente importante para su proceso de recuperación. No somos partidarios de no sancionar, sí de buscar un equilibrio”, explicó Cáceres. Si bien admiten que hay muchos puntos de acuerdo con las autoridades, a la Mutual le siguen pareciendo “excesivas” las sanciones. “Lo que nosotros planteamos es que el jugador debe hacer un tratamiento con todo lo que haga falta y vuelva cuanto antes al fútbol. Que tenga una rehabilitación real, rápida y efectiva. Hoy no se hace rehabilitación, se hace un control con psicólogo y estudios para ver si consumió o no, pero no hay tratamiento. Hoy detectás, sancionás y punto”, aseguró Barboza. Las autoridades del Ministerio de Turismo y Deporte, la Junta Nacional de Drogas y la Mutual de Jugadores van a iniciar un nuevo programa de sensibilización y promoción de los hábitos saludables en el deporte y de prevención contra el consumo de sustancias prohibidas. Consultado Cáceres acerca de cuál es la política de drogas para el ámbito deportivo que se lleva a cabo desde su ministerio, el jerarca respondió que “nuestros técnicos están a disposición de las instituciones que lo requieran para dar charlas o talleres”. Ya se han hecho con las formativas de algunos clubes, con colegios y también con planteles de Primera de fútbol y de básquetbol. Destacó la existencia de publicaciones gratuitas que informan sobre los sistemas de control, las precauciones específicas de los deportistas y sobre la lista de sustancias prohibidas. Además crearon la Comisión Nacional Antidopaje con intervención de instituciones públicas y privadas, “convencidos de que esta problemática no obedece a la voluntad explícita de mejorar el rendimiento sino que es un comportamiento social y trasciende el deporte”. Pero para Peyraube lo que hace falta para avanzar de veras en este tema es cambiar la mirada. Según explica, la estigmatización y la exclusión son grandes factores para el consumo de sustancias adictivas. Pero además, hay tres sentimientos en los usuarios que aumentan la probabilidad de la recaída y del consumo: hacerlos sentir culpables, la evidencia de su fracaso y el sentimiento de no eficacia para resolver su problema. En los futbolistas estos sentimientos se dan todos a la vez. “Se los estigmatiza y se los excluye del circuito. Son culpables, desilusionaron al club, a la hinchada (que seguramente piensa que si lo hacían bien y nadie se enteraba, eran cracks). Fracasaron, pasaron de ser estrellas a caer en desgracia. Y la posibilidad de incidir en el cambio de sus circunstancias es nula. Que lean los libros los que toman medidas o definen políticas públicas. ¿Saben esto? Está evaluado lo que sirve y lo que no sirve en este tipo de intervención.


Uno se pregunta:


¿realmente quieren incidir en la problemática? Parece que la intención es sólo castigar (incautaciones, sanciones, represión) y enarbolar el prestigio del control vertical.

¿Qué indicadores utiliza el Ministerio de Turismo y Deportes para saber si la política que aplica sobre las drogas es eficaz o no? Parece no serlo porque el consumo va en aumento. Y si no lo es ¿no deberíamos cambiar la política?


¿Necesitamos invertir más en represión que en tratamientos?


¿Dónde se pone el acento?


¿En el deporte, cuáles son las políticas de reducción de daño?”




___ * Consultora en el uso problemático de drogas, ex miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional de Reducción de Daños (ihra, por sus siglas en inglés)






_________________ Datos Un aumento significativo de los resultados adversos en los controles antidoping preocupa a las autoridades del Ministerio de Turismo y Deporte. Si bien en 2006, de los 130 controles realizados en el fútbol no hubo ni un solo caso positivo, en 2007 se registró un aumento notable de las llamadas drogas de abuso. Con las 158 muestras extraídas (aún hay 37 sin informe), los 13 casos positivos –todos de cocaína– están muy cerca de los 20 positivos del año 2003 donde se tomaron 384 muestras. Desde 1998 a la fecha se registraron 81 casos de dopaje en 2.931 muestras de orina.






__________ Escuelas y barbaridades Aunque la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y varios periodistas deportivos aseguran que las llamadas drogas sociales inciden en el rendimiento del atleta, hay otra escuela que dice lo contrario. Mientras que para el emblemático Jorge “Toto” da Silveira “muchos cretinos miran para el costado, (y) siguen hablando de drogas sociales” y dicen “que no se sacan ventajas deportivas, lo que es otra enorme mentira”, los datos que manejan las autoridades difieren de su opinión.


Según dijo a Brecha el director nacional de Deportes, Fernando Cáceres, “lo que percibimos es que el consumo de estas sustancias en Uruguay no está motivado por la búsqueda de un mejor rendimiento o de incidir en un resultado. Son emergentes de un comportamiento social muy extendido”. Por su parte, Fernando Barboza, de la Mutual de Futbolistas Profesionales, coincide con esta posición:


“Con el porro o la cocaína no lográs un mejoramiento, y al que le da positivo de esas sustancias no las usó para optimizar el rendimiento deportivo. Es un tema social, que está instalado en todos lados, no sólo en el deporte”.


Según explica, hay clubes que hacen controles y algunos jugadores a los que ahora les dio positivo, les había dado negativo todo el año. “Eso quiere decir que es un consumo ocasional social.” Si bien no es igual el caso de un deportista que estando de vacaciones consume una dosis de cocaína que el que toma antes de un partido, habría que evaluar la metodología usada por el laboratorio para saber si el positivo responde al día en que se jugó el encuentro o es de antes. Establecer esa circunstancia descartaría si el jugador tuvo la intención de incidir por esa vía en el resultado de la competencia o en su rendimiento individual. Además habría que evaluar si la persona tiene una adicción y tal vez no lo hizo para mejorar su desempeño sino que simplemente no pudo evitar consumir. Para Milton Romani, director de la Junta Nacional de Drogas, no es tan importante si cambian o no el desempeño deportivo, lo trascendente es que “si el ambiente deportivo tiene problemas de consumo de drogas, lo mejor y más sano es reconocerlo, porque sobre la base del no reconocimiento empiezan los mitos y las leyendas. En estos días escuché hablar de contagio, de trasmisión por sexo oral, y eso no sólo es una barbaridad científica, sino también una mala señal para los muchachos que tienen el problema y para todos los deportistas”

http://www.brecha.com.uy/index.php/archivo/132-jugar-contra-la-raya?showall=1

Anuncios